martes, 18 de junio de 2013

Me habia olvidado que tenia blog!! jaja... asi que voy a festejar como es debido IUUUPIIIII!!! IIUUJUUU!!!! ( saltitos de alegria,.. la perra me mira...) ... puedo escribir!! y alguien me puede leer...!!! WIII!!!...
pero tengo que tener algo que decir... emmmmm.... ya se me va a ocurrir... sep. :D

domingo, 17 de abril de 2011

El poder de la lengua

La Biblia dice algo realmente importante acerca de la lengua y de las palabras de nuestra boca. La lengua tiene poder de vida y muerte (vea Proverbios 18:21). El apóstol Santiago dice que si alguien nunca falla en lo que dice, es "una persona perfecta", capaz también de controlar todo su cuerpo (vea Santiago 3:2). La lengua es un pequeño miembro del cuerpo, pero causa tremendos problemas. Las relaciones suelen terminar por causa de cosas que se han dicho o no se han dicho. La gente pierde trabajos, causa conflictos y malentendidos y pasa vergüenza, todo a causa de un pequeño órgano: la lengua.

Ningún hombre puede domar la lengua, para eso necesitamos de la ayuda de Dios. El reyDavid oró a Dios que pusiera un centinela o un guardia en la puerta de su boca (vea Salmos 141:3). También oró que las palabras de su boca y la meditación de su corazón pudieran ser aceptables a los ojos de Dios (vea Salmos 19:14). David sabía que Él no podía controlar su boca sin la ayuda de Dios, y nosotros tampoco podemos.

Deberíamos evitar todas las palabras ásperas, duras e injustas (vea Isaías 58:9). Jesús dice que debemos tomar su yugo sobre nosotros y aprender de Él, que es amable, manso y humilde, no áspero, duro, cortante ni apremiante (vea Mateo 11:29, 30). Una lengua amable (con su poder sanador) es un árbol de vida, pero la lengua insidiosa deprime el espíritu (vea Proverbios 15:4). Hasta el tono de nuestra voz es importante, porque revela la condición de nuestro corazón.

Podemos decir palabras que sanen o palabras que hieran; podemos edificar y construir o desalentar y derribar. Las palabras son estuches de poder y acarrean poder sea positivo o negativo. ¡La decisión es nuestra! Las palabras son semillas que sembramos y con seguridad darán una cosecha en nuestra vida. Quienes consienten su lengua, deben comer el fruto de sus palabras, sea para vida o para muerte (Proverbios 18:21).

Una de las cosas que deberíamos esforzarnos por hacer es pensar antes de hablar. La Biblia dice que no debemos precipitarnos a hablar, pero ¿cuántas veces decimos algo y luego pensamos: "Oh, yo no quería decir eso"?. Pero ya es demasiado tarde, porque las palabras ya están haciendo su trabajo. Le recomiendo hacer un cuidadoso estudio de todos estos temas, y una oración sincera pidiendo a Dios que lo ayude a domar su lengua.


--Tomado de La Biblia de la vida diaria, de Joyce Meyer.

http://www.youtube.com/watch?v=jUaHfiyxo3o

¿ Quien es el jefe, usted o sus emociones?




Los altibajos diarios de nuestras emociones son una de las mayores luchas que tenemos con nuestras relaciones personales. En lugar de vivir en una montaña rusa emocional, necesitamos aprender a ser personas estables, sólidas, firmes, determinadas y que perseveran. Si continuamos permitiendo que nuestras emociones nos gobiernen, no llegaremos de ninguna manera a ser la persona que debemos ser. Por supuesto, que ninguno de nosotros llegará a ser libre totalmente de las emociones–pero debemos aprender a manejarlas, controlarlas y a no dejar que ellas nos controlen a nosotros.

La vida no es amena cuando está siendo controlada por los sentimientos. Los sentimientos cambian día a día, hora a hora, aun de momento a momento. No solamente cambian, pero también mienten. Por ejemplo, puede estar en medio de una multitud de personas y sentirse como que todos están hablando de usted, pero eso no significa que lo están. Puede sentirse como que nadie lo entiende, pero eso no significa que sea así. Se puede sentir que es malentendido, que no es apreciado, o aun maltratado, pero eso no significa que sea verdad. Si queremos ser personas disciplinadas y maduras, debemos estar determinados a no caminar de acuerdo a lo que sentimos.

La gente a menudo me pregunta, “¿Cómo puedo saber de seguro que estoy caminando en la verdad o caminando en mis sentimientos y emociones?” Yo creo que la respuesta se encuentra en la paciencia. Las emociones nos impulsan a precipitarnos, diciéndonos que debemos hacer algo y que lo ¡debemos hacer de inmediato! Pero la sabiduría santa nos dice que esperemos hasta que tengamos una imagen clara de lo que debemos hacer y cuando lo debemos hacer. Necesitamos ser capaces de retroceder y ver la situación desde la perspectiva de Dios. Necesitamos tomar decisiones basadas en lo que sabemos en lugar de lo que sentimos.

Permítame darle un ejemplo de mi propia vida. Una vez había ahorrado un dinero para comprar un buen reloj. ¡Quería comprar un reloj de calidad al cual la correa no le cambiara de color y dejara mi muñeca verde! Un día, mi esposo Dave y yo estábamos en el centro comercial y nos detuvimos en una joyería donde vi un reloj que era muy bonito. Mientras mirábamos el reloj, descubrimos que era chapado en oro y sabíamos que probablemente con el tiempo perdería el color, pero parecía ser lo que estaba buscando y me quedaba perfecto. No sólo eso, pero el vendedor me ofreció un descuento. Así que mis emociones dijeron, “¡SÍ! ¡Eso es exactamente lo que quiero!”

Pero Dave dijo: “Bueno, sabes, es chapado en oro y con el tiempo perderá el color”. Le dije: “Lo sé, pero verdaderamente me gusta ese reloj. ¿Qué debo hacer?” “Es tu dinero”, me respondió. “Le diré que voy a hacer”, le dije al vendedor. “Me gustaría que me separe el reloj mientras camino alrededor del centro comercial por un rato. Si quiero el reloj, yo regreso dentro de una hora”.

Así que Dave y yo caminamos alrededor del centro comercial por un rato. Mientras
caminábamos, pasamos por una tienda de ropa. Ya que yo necesitaba unos cuantos conjuntos, entré y encontré un traje muy bonito. Me lo medí y me quedó perfecto. Me gustó mucho.

“Está bonito” dijo Dave. “Deberías comprarlo”. Miré el precio de la etiqueta y pensé, cuesta mucho dinero... ¡con razón luce tan bonito en mí! ¡Yo verdaderamente quería ese traje! Francamente había tres cosas que yo quería en ese momento. Quería el reloj, el traje y no quería quedarme sin dinero. ¿Qué decidí hacer? Aplique la sabiduría y decidí esperar. El reloj, el cual no era la calidad que yo quería me hubiera costado todos mis ahorros. El traje era hermoso, pero también hubiera costado gran parte de mis ahorros. Así que decidí que lo mejor era conservar mi dinero y esperar hasta que estuviera segura que era realmente lo que más quería. Normalmente, lo más sabio es que ¡cuando tenga duda no lo haga!

Cuando enfrente una decisión difícil, espere hasta tener una respuesta clara antes de tomar el paso del que después se arrepentirá. Las emociones son maravillosas, pero no deben tomar la precedencia sobre la sabiduría y el conocimiento. Recuerde, controle sus emociones en lugar de permitirles que ellas lo controlen a usted.


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Jamás debemos subestimar el poder de nuestras acciones.
Un pequeño gesto puede transformar para bien o para mal la vida de otro.

JOYCE MEYER

Un secreto Clasificado

Un secreto clasificado

Voy a contarte un secreto.
A Dios no lo mueve la necesidad.
¿Oíste eso?
Es inútil que cuando trates de orar, te duelan las rodillas, o le digas que ya no soportas más, o que no mereces vivir esta situación o que llores hasta que no te queden lágrimas.
A Dios lo mueve tu fe.
La nave de los discípulos parece que va a darse vuelta como una frágil cáscara de nuez. Las olas sobrepasan el barco y el mar se ve más enfurecido que de costumbre. Los hombres tienen pánico, pero Jesús descansa plácidamente en el camarote.
Uno de ellos, se harta de esperar que el Maestro deje de roncar. Y lo despierta de un sacudón.
-¡Maestro! No ves que perecemos? No te da un poco de lástima que nos estamos por ahogar? Cómo se te ocurre dormir a bordo del Titanic? No podrías tener un poco de consideración con tus apóstoles?
Será mejor que los discípulos sepan, desde ya, que este día no figurará en ningún cuadro de honor. Esta no será el tipo de historia con las que futuros evangelistas armarán sus mensajes. Si querían aparecer retratados en la historia grande de los valientes de la fe, tengo que comunicarles que han errado el camino. De este modo, no se llega a Dios. No conmoverán al Maestro con un sacudón y gritos desaforados. La histeria no enorgullece al Señor. Puedo asegurarles que Pedro, Juan y otros tantos querrán olvidarse de este episodio, y jamás le mencionarán a sus nietos que esto ocurrió alguna vez.
Pese a lo que hayas creído todos estos años, la necesidad, insisto, no mueve la mano de Dios.
El Señor se levanta un tanto molesto. Este es su único momento para descansar en su atareada vida ministerial. Y estos mismos hombres que presenciaron como resucitó muertos y sanó enfermos, lo despiertan de un descanso reparador, por una simple tormenta en el mar. Se restriega los ojos, mientras trata de calmar a quien lo acaba de despertar de un buen sueño profundo.
-No tengan miedo -dice, mientras bosteza.
El Señor sale del camarote y ordena a los vientos que enmudezcan. Y al mar que se calme.
Hombres de poca fe -dice, antes de regresar a la cama.
Uy.
Eso si que sonó feo.
No quisiera irme a dormir con esas últimas palabras del Señor acerca de mi persona.
Pensaron que les daría unas palabras de aliento. O que les diría que la próxima vez no esperen tanto para despertarlo. Quizá que mencionaría que para el próximo viaje, se aseguren una mejor embarcación, o que chequeen si hay suficientes botes salvavidas. Pero sólo les dijo que fallaron en la fe.
Alguno de ellos, cualquiera, debió haberse parado en la proa y decir:
-¡Viento! Mar! Enmudezcan en el nombre del Señor que está durmiendo y que necesita descansar!
Esa sí hubiese sido una buena historia. Los evangelistas hubiésemos aprovechado ese final para nuestros mejores sermones.
Es que, sólo la fe es la que mueve la mano de Dios.
Autor: Dante Gebel
Adaptado de “Las arenas del alma”
(Editorial Vida-Zondervan)